La intromisión de las nuevas tecnologías en nuestras vidas ha sido total. Tanto que incluso los niños más pequeños de la familia saben cómo manejar un Smartphone, una Tablet o un ordenador casi mejor que nosotros. Y eso sin tener que esforzarse en lo más mínimo. Pero a medida que estos chicos van creciendo, el vínculo que se crea entre el aparato y los menores no es tanto de ocio sino de dependencia, llegando hasta casos extremos como los de perder el contacto con gente de su alrededor para centrarse únicamente en el teléfono.

En esta línea, ya son muchos los que han pegado el grito al cielo buscando soluciones a la que se dice, puede ser una adicción en los infantes. La prueba más reciente de eso es la del pasado lunes 8 de enero, cuando dos inversores de la gran marca de aparatos tecnológicos Apple, escribían una carta abierta a la compañía a favor de la protección de los menores. La firma neoyorquina Jana Partners LLC y el fondo estatal de pensiones de profesores de California, conocido por sus siglas en inglés CalSTRS, defienden en la carta mediante distintos estudios, que los infantes con más adicción al móvil son los más propensos al fracaso escolar, el insomnio, la depresión o incluso el suicido.

Pero la dependencia no se establece sola y únicamente con el aparato en sí, sino también y más importante con las redes sociales, en las que todo el mundo -y no solo los menores- se pasa un gran tiempo del día. El medio de comunicación El Economista recoge una de las declaraciones de la carta, en las que los inversores quieren que la empresa tome partido al asunto para mejorarlo, y dicen: “Apple puede jugar un papel decisivo al mostrar a la industria que prestar atención especial a la salud y el desarrollo de la próxima generación es tanto bueno para los negocios como la acción correcta”. Apple se apresuró en demostrar más tarde, que desde 2008 llevan trabajando distintas políticas de seguridad y protección hacia menores con sus teléfonos, como el uso obligatorio de contraseñas para ciertas aplicaciones, entre otras. 

La importancia de las redes sociales en la vida de los menores de edad

Pero si sólo se tratase de el aparato móvil, el problema sería otro, pues la mayoría de ellos ya no tienen juegos como hace años, sino que tienen gran espacio para descargarse aplicaciones, y entre ellas, las redes sociales. Éstas, han trascendido la pantalla del ordenador para instalarse en cualquier tipo de dispositivo, siendo los teléfonos móviles los más utilizados para su uso. Así, Facebook, Twitter e Instagram, se configuran como las redes sociales principales, las cuales forman parte de nuestro día a día.

Sin embargo, la relación de las personas con las redes sociales ha ido evolucionando desde sus inicios hasta hoy en día. Si en su momento éstas eran vistas como un punto de encuentro y conversación entre amigos y conocidos, actualmente son un espacio en el que los usuarios se expresan y comentan toda su vida, dejándola pública al 100%, algo que ha calado mucho en los menores, quienes comentan qué hacen durante el día en sus perfiles. En la sociedad en la que vivimos, si no tenemos tales teléfonos, estamos «fuera de la moda» o si no tenemos un perfil en alguna red social, somos «bichos raros». Son muy pocos los menores que no tienen estos aparatos, y por consiguiente, son aún menos los que no tienen cuenta en todas las redes sociales. Por eso, se hace necesaria la búsqueda de su protección en Internet.

Cada día desde Websays analizamos miles de menciones y vemos como niños y adolescentes publican datos de su vida privada, sus emociones o incluso el lugar en el que se encuentran en cada momento. Y eso puede llevar a ver unos patrones en los menores que pueden implicar ciertos peligros relacionados con su protección y seguridad.

Pongamos un ejemplo, en 2015 la consultora Sibilare analizó la conversación en Twitter sobre los trastornos de la conducta alimentaria (TCA). Los resultados permitieron llegar a dos conclusiones distintas. La primera, que realmente en estas plataformas se habla de cualquier tema habido y por haber. Y la segunda es que el comportamiento de cómo ese tema era tratado en la red social mostraba dos ejes distintos. Así la conversación se basaba en dos grupos diferenciados y alejados entre sí.

El primer grupo y mayoritario, el que veía estos trastornos como lo que son, es decir, enfermedades que pueden ocasionar consecuencias graves en las personas que los sufren. Y el segundo, que cuenta con las personas afectadas por estas dolencias. El análisis mostraba como Internet, y actualmente y por consiguiente las redes sociales, son el refugio vital de algunas personas, concretamente de aquellas que sufrían alguna de esas dolencias. Per o para no ser detectados, preferían utilizar otro tipo de lenguaje que no fuera el propiamente seleccionado para la definición de estas enfermedades, por lo que pasaban de llamar «bulimia» y «anorexia» a llamarles «mia» y «ana», por ejemplo.

Del mismo modo, y más recientemente, Facebook ha hecho público un post en su blog en el que intentan explicar por qué es perjudicial para la salud pasar cierto tiempo en su red social. El ver y ser visto de la plataforma, ese interés que nos genera a todos ver lo que hacen los demás y exponer nuestras vidas hasta el más mínimo detalle, al final pasa factura. Por eso, el primer directivo de la compañía, y después de haber dejado su puesto, publicó sobre la misma plataforma: «solo Dios sabe lo que está haciendo con los cerebros de nuestros hijos». Bajo la atenta mirada de todos los usuarios, Facebook afirmaba en ese post que no se trata de tiempo que se ocupa en redes sociales, sino en el cómo se hace.

Pero, ¿cómo se puede controlar el acceso de los menores de edad a las redes sociales?

Hace poco conocíamos la noticia de que una madre denunciaba a su ex pareja por leer los mensajes que sus hijos tenían con ella por las redes sociales. El juzgado que llevó la causa decidía fallar a favor del padre, sosteniendo que, al compartir la patria potestad de los menores, «tiene la obligación de velar por ellos, educarles y procurarles una formación integral», conforme el artículo 154 del Código Civil; y que el desarrollo de las redes sociales «requiere de atención y vigilancia de los progenitores para preservar la indemnidad de los menores».

Desde entonces, este tema de las redes sociales y el control de éstas, ha sido un tema muy tratado últimamente. Ya en 2015 el Parlamento Europeo y el Consejo Europeo llegaron a un acuerdo sobre la propuesta de la Comisión para la reforma de la protección de datos en la UE. En el artículo 8 de esa reforma -que pretende garantizar la protección de los datos de los ciudadanos y forzar a las empresas a hacer un uso correcto de éstos-, se detalla que los menores de 16 años no podrán ceder sus datos a las empresas. En el caso de que los menores quisieran acceder a las redes sociales, sería necesario y legalmente obligatorio un permiso de los padres del menor.  

Además, desde el Consell Audiovisual de Cataluña han lanzado un documento en el que se dan las pinceladas básicas para proteger a los menores de internet y de la adicción al móvil. Entre los consejos encontramos la recomendación de una navegación crítica junto con ellos, para mostrarles que no todos los contenidos que se pueden encontrar en la web son «reales o correctos».