La tesis de este artículo es que la comunicación, la opinión y la conversación se están convirtiendo en valiosas materias primas; como el hierro o el carbón en el pasado. Las empresas que tengan la mayor capacidad de acceso y manipulación de este nuevo material, tendrán también tremendas ventajas competitivas frente a las demás. En la actualidad, la distribución de estos materiales están en posesión de unas pocas empresas.
Imaginad por un momento que alguien pudiera poner un chip en el cerebro de cada ser humano del planeta. Imaginad que este chip tradujera nuestros pensamientos en mensajes de texto cortos. Imaginad por último que estos mensajes de texto se fueran transmitiendo constantemente por Internet hasta llegar a un servidor central, donde se recogerían, almacenarían y analizarían.
Llamemos a este sistema un Mind Funnel, o «embudo de pensamientos», porque su objetivo es encaminar hacia un servidor todos los pensamientos del planeta. Este Mind Funnel actuaría sobre cada persona: hombres y mujeres, ancianos y niños, famosos, políticos, expertos, gurús, aventureros, criminales… Los mensajes resumirían todos nuestros intereses, actividades, deseos, miedos, opiniones, planes, interacciones sociales…
En términos económicos y políticos, ¿cuál sería el valor de este Mind Funnel? ¿Quién podría competir contra un hipotética Mind Funnel Inc. una vez aplique su tecnología Big Data?
Me da la sensación que Mind Funnels Inc. podría acabar con cualquier competidor en prácticamente cualquier sector. Imaginaros esta tecnología en las manos de un buen estratega político o un buen director de marketing. Mind Funnels Inc. podría dominar el mundo!
Ahora pensemos por un momento en aplicaciones como Twitter, Facebook o WhatsApp. Ante todo dejaré claro que son aplicaciones que admiro y uso a diario. Poco tienen que ver estas aplicaciones con el escenario Orwelliano de Mind Funnels Inc. Pero no cabe duda que estas aplicaciones están haciendo emerger una gran parte de nuestros pensamientos, emociones y necesidades, y que éstas se están recolectando y analizando con gran provecho para de algunas micro Mind Funnels.
Twitter por ejemplo permite la comunicación voluntaria, pública y gratuita, de todos y para todos. Aparentemente es lo contrario de un «embudo» o Mind Funnel. Pero de hecho se trata de un servidor centralizado que recoge todos nuestros tweets y los publica. Twitter puede analizar y procesar lo que llega como crea conveniente. Facebook y WhatsApp por otro lado se han especializado en la comunicación privada; al hacerlo, han adquirido también potentes Mind Funnels para su provecho. Y poco importa que WhatsApp “guarde” o no lo que recibe: hay muchas maneras de analizar datos sin tener que guardarlos. Lo importante es que reciben los datos y los puede usar. Hace poco oí a un político europeo quejarse que Facebook sabía más que él de su propio país y su propio gobierno!
El contenido de nuestras mentes, nuestros “pensamientos digitalizados”, se han convertido en una materia prima que se puede destilar, trasformar y vender. Recordemos: se trata de nuestros intereses, actividades, deseos, miedos, opiniones, planes, interacciones sociales… debidamente digitalizados y encaminados a servidores capaces de seccionar y analizar grandísimas cantidades de datos.
Hoy en día ya existen empresas que se dedican a la compra-venta de tweets y mensajes de Facebook y forums. Por ejemplo, unos millones de tweets cuestan unos pocos miles de dólares. Una vez analizados, estos tweets pueden multiplicar su valor. Por simplificar: imaginaros el valor de un análisis de los mensajes que digan “no me gusta la CocaCola porque …”. Ahora imaginaros el valor de un estudio demográfico de todos los “autores” que hemos twitteado sobre una política, una producto, una persona…
El mundo del Marketing ha sido el primero en captar el valor comercial de esta nueva materia prima y explorarla: podríamos decir que gran parte del dinero de Facebook (valorado en 154 mil millones de dólares hoy) proviene de su capacidad de analizar la discusión de su Mind Funnel para enseñarnos publicidad. No es casualidad que las grandes empresas de Internet como Facebook, pero también Microsoft, Google, Amazon, Yahoo! o EBay estén contratando desde hace unos años a cientos de científicos expertos en temas como la minería de datos, el Big Data o la predicción.
Esta nueva materia prima tiene muchos usos extraordinariamente útiles y beneficiosos: puede mejorar productos y los servicios, aumentar la competitividad y trasparencia, dar visibilidad a minorías y ayudar a individuos a encontrar grupos en los que hacer resonar sus necesidades. Los ejemplos abundan. En las últimas catástrofes naturales, el papel de las redes sociales ha sido clave para solventar situaciones de crisis. Cada campaña viral de éxito de la Cruz Roja o Amnisty International nos muestra como la opinión de la gente, unida, puede producir cambios importantes en la sociedad.
Pero conociendo a nuestra sociedad, el principal uso de este nuevo material será comercial y político. Y tal vez, como otros materiales “peligrosos”, deberíamos empezar a plantearnos ciertos temas como los límites en su uso, la pertenencia y derecho de comercialización, o simplemente cómo mejor distribuir entre todos los productores (es decir, nosotros mismos) la riqueza que esta materia generará para algunos pocos.
Este nuevo material es tan sensible y valioso que necesitamos un control y seguimiento público de su recolección, distribución y explotación, como en el caso del petróleo o el uranio enriquecido… Me parece importante plantear la creación de infraestructuras para ello.
Imagino una European Mind Web o “red de pensamientos europea” con la infraestructura necesaria para recolectar y explotar esta nueva materia aplicando las reglas de juego que nosotros mismos decidamos. Igual que en su día la inversión en la red ferroviaria favoreció la circulación de productos y personas, desarrollando la economía y acercando a la gente, la European Mind Web permitiría la canalización de nuestros pensamientos digitales y su buen uso económico y social.
Lejos de “frenar” el desarrollo y la innovación, una red bien regulada podría hacer despegar el aletargado ecosistema europeo de empresas de internet. Las futuras redes sociales (los nuevos Pinterests, Vimeos, FourSquares, WhatsApps, Trip Advisors, etc…) podrán utilizar esta red para desplegar rápidamente nuevos productos a una fracción del coste actual, sin tener que lidiar con aspectos relativos a la infraestructura técnica o los asuntos legales. Los futuros consumidores de datos (capaces de explotar las nuevas analíticas del Big Data y las tecnologías de predicción) podrán intervenir directamente en la red. Y los usuarios finales podrán sentirse seguros al saber que sus comunicaciones privadas, pensamientos y opiniones están alimentando un ecosistema de negocios de una manera regulada y respetuosa. La propia red aseguraría políticas de privacidad y de monetización apropiadas, dando un campo de juego justo (fair play) para todos las partes interesadas en el tratamiento de estos datos. Y tal vez esta red podría incluso devolver al público una parte de la riqueza generada por ella misma.
En definitiva, la European Mind Web nos permitiría regular el uso y la riqueza derivada de la nueva red de pensamientos, en lugar de ver cómo algunos cosechan todos los beneficios y construyen cada vez más barreras de acceso a su alrededor. En mi opinión, esta red podría generar un enorme potencial para el crecimiento y la innovación europeas. Aprovechemos la oportunidad!
El origen de este artículo es una presentación en el marco de las reuniones de preparación del programa marco europeo para la investigación e innovación Horizon2020. Agradezco a Abel Cantero (@DigitaLegal) y Oscar Aguilar por ayudarme a traducir este texto al castellano y animarme a publicarlo.
—
1: Las aplicaciones como Twitter y Facebook nos están permitiendo, por ahora, el acceso a sus datos a través de protocolos públicos gratuitos o de pago (APIs). Esto ha acelerado enormemente la innovación y la creación de empresas en este ámbito. Los datos de las redes sociales están nutriendo todo un ecosistema de nuevas empresas que intentan sacar provecho a esta información (por ejemplo la empresa Websays de la que soy fundador, especializada en la escucha activa y el análisis de opinión en la Web). Algunas de estas nuevas empresas han crecido a gran velocidad en pocos años y han sido ya fagocitadas por empresas más grandes (por ejemplo la empresa Topsy, comprada hace unos meses por Apple).